La fe es la respuesta

Élder David E. Sorensen, De la Presidencia de los Setenta
A principios de la década de 1950, Estados Unidos estaba en guerra en la península coreana. Debido a las normas gubernamentales de reclutamiento de esa época, a los jóvenes no se les permitía servir en misiones, sino que se les requería que prestaran servicio militar. Al saber eso, cuando entré en la universidad me inscribí en el cuerpo de capacitación de oficiales de la reserva del ejército. Mi meta era llegar a ser uno de los oficiales, como lo había sido mi hermano mayor. Sin embargo, durante una visita que hice a casa durante las vacaciones de Navidad, el obispo de mi barrio, Vern Freeman, me invitó a ir a verlo a su oficina; me dijo que un joven líder de la Iglesia, un hermano que se llamaba Gordon B. Hinckley, había negociado un acuerdo con el gobierno, con el que se permitía que de cada barrio de la Iglesia en los Estados Unidos se llamara a un joven para servir en una misión, por lo que ese joven recibiría un aplazamiento automático del servicio militar.



















































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