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de admin

La fe es la respuesta

12:00 en Discursos de admin

Élder David E. Sorensen, De la Presidencia de los Setenta

A principios de la década de 1950, Estados Unidos estaba en guerra en la península coreana. Debido a las normas gubernamentales de reclutamiento de esa época, a los jóvenes no se les permitía servir en misiones, sino que se les requería que prestaran servicio militar. Al saber eso, cuando entré en la universidad me inscribí en el cuerpo de capacitación de oficiales de la reserva del ejército. Mi meta era llegar a ser uno de los oficiales, como lo había sido mi hermano mayor. Sin embargo, durante una visita que hice a casa durante las vacaciones de Navidad, el obispo de mi barrio, Vern Freeman, me invitó a ir a verlo a su oficina; me dijo que un joven líder de la Iglesia, un hermano que se llamaba Gordon B. Hinckley, había negociado un acuerdo con el gobierno, con el que se permitía que de cada barrio de la Iglesia en los Estados Unidos se llamara a un joven para servir en una misión, por lo que ese joven recibiría un aplazamiento automático del servicio militar.

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de admin

Ahora es el tiempo de preparación

7:00 en Discursos de admin

Élder Russell M. Nelson, Del Quórum de los Doce Apóstoles

Mis queridos hermanos y hermanas, desde nuestra última conferencia general, mi amada, mi querida esposa durante 59 años, falleció. Encontrándome en casa en uno de esos sábados poco comunes en los que no tenía ninguna asignación, habíamos trabajado juntos; ella había lavado nuestra ropa y yo había ayudado a llevarla, doblarla y ponerla en su lugar. Después, mientras estábamos sentados en el sofá, tomados de la mano y disfrutando de un programa de televisión, mi preciosa Dantzel pasó tranquilamente a la eternidad. Su deceso acaeció de repente y de forma imprevista. Sólo cuatro días antes, el informe de nuestro médico, en un chequeo de rutina, indicó que sus análisis del laboratorio eran buenos. Después de que mis esfuerzos por reanimarla resultaron infructuosos, me abrumaron sentimientos de consternación y de dolor. Mi amiga más cercana, la angelical madre de nuestros 10 hijos, la abuela de nuestros 56 nietos, se nos había ido.

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